dimecres, 28 de setembre de 2011

Las bibliotecas tienen futuro si además de sobre el qué, pensamos en el cuándo y en el cómo

Las preocupaciones y reflexiones sobre el futuro suelen serlo sobre el qué. Es decir, sobre las realidades que emergerán o sobre los cambios que sucederán. Manuel Castells, uno de los analistas más lúcidos sobre la sociedad de la información[1] ha dedicado parte de su obra a explicar que la profundidad de los cambios que estamos viviendo se manifiesta no solo en que se crearan nuevas realidades, sino en que la forma de actuar de las organizaciones cambiará también de forma profunda. Si en la sociedad industrial la forma organizativa dominante ha sido la jerárquica en forma de árbol, en la sociedad informacional, la forma organizativa será (está siendo ya) la de red en forma de nube. Los conglomerados empresariales que han caracterizado la era de la industria dejarían paso a organizaciones autónomas que tienden a organizarse de forma más libre creando entramados de red.

Los debates sobre cuáles serán los cambios que deberemos acometer, por importantes que estos sean, no deben agotar la totalidad de nuestras fuerzas movilizadas para el cambio. Tenemos que reservar parte de estas para debatir sobre las formas cómo llegaremos a ellas. No estamos mal preparados para ello. Pasemos a verlo.

La biblioteca como organización en evolución ha mostrado en el pasado su capacidad de cambiar no solo lo que hacía sino también como lo hacía. Las bibliotecas han creado asociaciones nacionales e internacionales hace más de cien años, crearon redes de bibliotecas y cooperativas en los años 80 del siglo XX y consorcios ahora hace unos 10 años. Con estas organizaciones se está estableciendo una red tupida de entidades que, siendo independientes, cooperan para una finalidad común y con el resultado de ser más efectivas para el público al que sirven.

La cooperación es un instrumento que debemos usar para mejorar la forma en que prestamos servicios. Es un instrumento que tiene dos utilidades: sirve para conseguir cosas que una biblioteca solo no podría hacer y para reducir los costes operativos de las bibliotecas. El nacimiento reciente de consorcios de bibliotecas ha supuesto un nuevo impulso a la cooperación, cosa que nos prepara mejor para los retos del futuro. Con las compras consorciadas de información electrónica, por ejemplo, hemos conseguido proporcionar para los usuarios de bibliotecas universitarias niveles de acceso de información que eran inimaginables sólo hace unos pocos años. La formación de redes de entidades independientes con un propósito común será la forma de organizarse de la sociedad de la información, forma para la que estamos especialmente bien preparados y de la que teneos ejemplos en el catálogo mundial WorldCat[2] de OCLC, el repositorio cooperativo de libros electrónicos de Hathy Trust[3] o en las redes de referencia virtual.


[1] Manuel Castells xxx La sociedad de la información. Madrid: alianza, 19xx. 3 vols.

[2] http://www.worldcat.org/

[3] http://www.hathitrust.org/

diumenge, 25 de setembre de 2011

Las bibliotecas tienen futuro si aprovechamos las oportunidades que nos brinda el presente

Aunque sea conveniente hacerlo de vez en cuando, no podemos ir conduciendo mirando a través del retrovisor. Algunas realidades bibliotecarias, espléndidas y construidas con considerables esfuerzos e ingenio, se derrumbarán. Afortunadamente.

Sí, afortunadamente porque esto significará que habremos encontrado nuevos caminos para satisfacer las necesidades profundas a las que nos hemos referido hace un momento. Mientras la información satisfazca una necesidad real de las personas a lo largo de toda su vida (y así es y para finalidades diversas), las bibliotecas encontraran oportunidades para facilitar a las personas su trato con la información. Ha sido así en pasados no muy remotos y lo está siendo en el presente. En ambos casos, aprovechar las oportunidades es lo que nos ha permitido construir este presente (que en algún momento del pasado fue un futuro) y un futuro.

Los servicios de acceso remoto a bases de datos (la teledocumentación) de los años 70 no tenían porqué ser un servicio que fuera asumido por las bibliotecas, pero estas aprovecharon la oportunidad que les ofrecía aquella nueva forma de acceso a la información y la incorporaron a su catálogo de servicios. Las compras consorciadas de información electrónica -que han modificado sustancialmente el panorama de la información en las universidades a partir de finales del siglo pasado- no tenían porqué ser protagonizadas por las bibliotecas, pero han sido estas las que aprovecharon la oportunidad de una nueva forma de adquisición de la información y crearon consorcios para hacerla posible.

Hoy la cadena documental de la información científica, creada a lo largo de los últimos cuatro siglos, está viviendo una crisis profunda (a pesar de lo cual nadie cree que la información científica no tenga futuro). El gran invento de las revistas científicas, que se sostenían económicamente a partir de las aportaciones económicas de los que las leían, está mostrando demasiadas ineficiencias. La información quiere ser libre. Esto está tomando forma, en parte importante, a través del movimiento del acceso abierto (Open Access) a la información y su concreción en los repositorios institucionales.

Ni el Open Access ni los repositorios han formado parte de nuestras actividades tradicionales. Nada impedía que las bibliotecas se quedaran al margen de su desarrollo, pero en cambio, en todas partes del mundo, las bibliotecas están siendo sus grandes impulsoras. Estamos aprovechando la oportunidad que nos presenta una nueva forma de difusión de la información y contribuyendo a crear los instrumentos para ello, y con ello estamos creando un futuro para las bibliotecas.

dijous, 22 de setembre de 2011

Las bibliotecas tienen futuro si recomponemos su misión alrededor de necesidades reales

Las bibliotecas han sido espacios en los que se han creado colecciones de documentos que, procesados con las técnicas convenientes se han ofrecido para su uso. Esta es una de las muchas definiciones posibles de lo que es la misión de las bibliotecas. Formados en esta misión, los bibliotecarios hemos ido generando conocimiento alrededor de la creación de colecciones, el diseño de edificios, las técnicas de organización y los servicios para el acceso. Así pues colecciones, edificios, tecnologías y servicios han sido los grandes ámbitos teórico-prácticos alrededor de los cuales la profesión ha reflexionado sobre si misma y ha evolucionado para sus usuarios.

En el momento en el que se rompe el paradigma de la biblioteca tradicional (construido alrededor del documento impreso), sobreviene la crisis. La información digital es ubicua, convierte a los edificios en innecesarios, hace obsoletas las técnicas creadas a lo largo de décadas y prescindibles los servicios tradicionales. Las bibliotecas no tienen futuro si quieren fundamentarse en la tradición, o al menos, en la tradición construida alrededor de la información impresa. Las bibliotecas no tienen futuro si concentran sus miradas en los instrumentos a través de los cuales ha satisfecho necesidades más profundas que las expresadas en nuestra definición de anterior.

Las bibliotecas son un organismo en crecimiento, cómo estableció S.R. Ranganathan en su 5ª ley; es decir, un organismo en evolución. Pero su misión profunda tiene que ver con el proceso (o procesos) a través del cual las personas usan, incorporan o se relacionan con la información. La forma que esta tome (impresa o digital), los receptáculos que la conserven (edificios u ordenadores), las técnicas con la que se organice (con mayor o menor intervención humana) o los servicios con los que se difunda (personales o virtuales) son medios, no fines.

Las personas tenemos necesidades de muchos tipos, y creamos organismos (organizaciones) para ayudarnos a satisfacerlas. Escuelas para aprender, centros de ocio para distraernos, tiendas donde comprar… Las personas hemos necesitado relacionarnos con la información, y todo lleva a creer que esta necesidad va a augmentar en el futuro. Necesitamos, pues, organizaciones que nos hagan más fácil nuestra relación con la información. Tenemos que recrear los instrumentos para ser más efectivos en la consecución de la finalidad esencial de las bibliotecas.

Podemos pues reconstruir las bibliotecas a partir de un nuevo paradigma y coleccionar documentos digitales y procesarlos y disponerlos para su uso con las posibilidades actuales de los ordenadores y de la red. Podemos hacerlo y así recreamos las bibliotecas, las hacemos evolucionar y les aseguramos un futuro. El futuro de las bibliotecas está en esta recomposición pero no solo en ella. No estamos frente a un momento más en una cadena evolutiva, sino frente a un momento de ruptura y debemos profundizar en lo que las bibliotecas han aportado como valor a la sociedad, a mi entender, ayudar a las personas en el proceso complejo de usar información.

Quizá el mejor ejemplo de que lo tradicional puede renacer, si nos fijamos no en la superficie de las cosas sino en lo que subyace en ellas, sean los edificios. La biblioteca física, construida alrededor de los libros y otros documentos impresos, se ha sabido recrear en centros educativos y en ciudades cuándo se ha rediseñado alrededor de las personas y de sus necesidades con respecto a la información. Éstas se satisfacen en parte a distancia (cómo se satisfacían a distancia muchas necesidades en el paradigma de lo impreso), pero los espacios bibliotecarios recreados en ‘information commons’ o en ‘collaboratories’ han dado salida a una necesidad profunda relacionada la información: la de usarla de forma compartida.

dimarts, 20 de setembre de 2011

Las bibliotecas tienen futuro si pensamos que el futuro no está garantizado

Hay pocas profesiones que manifiesten una preocupación profunda y constante por el futuro como lo hacen los bibliotecarios. Podría decirse que es por la enorme influencia que tienen en nuestro caso los avances tecnológicos. Pero los cambios introducidos por los enormes avances técnicos de finales del siglo XX han afectado con una intensidad parecida a sectores próximos a las bibliotecas, como puedan serlo los museos o las universidades. Y a pesar de ello estas instituciones, tan venerables como las bibliotecas, no muestran una preocupación tan grande por su futuro.

Podríamos creer que esta preocupación es reciente, debida concretamente a la enorme influencia de la digitalización de la información en una institución desarrollada alrededor de la información sobre un soporte físico. Pero tampoco es así. Si repasamos la literatura profesional de al menos los últimos treinta años encontraremos ya no los lógicos artículos que detallan la aparición de novedades tecnológicas sino un importante número de advertencias sobre los cambios drásticos que nos depara el futuro.

¿A qué se debe esta preocupación? ¿Oculta, reticencia al cambio o miedo a desaparecer? A menudo se cita lo primero, pero los bibliotecarios hemos sido tradicionalmente usuarios tempranos de todas las tecnologías: la máquina de escribir a finales del siglo XIX o las microfotografías a principios del XX y también de los ordenadores en los años 50 y 60. Por lo tanto, si no es reticencia a lo nuevo, nuestra preocupación debe relacionarse con la difuminación constante que ha tenido la imagen tradicional de la biblioteca desde que se ha automatizado la información.

La biblioteca moderna nació para ser mediadora entre la información y sus usos. A lo largo de mucho tiempo, sus fortalezas se han constituido alrededor de la ventaja que le proporcionaba ser el almacenador de este recurso escaso que ha sido la información. La mecanización de la información, primero, su automatización después y la digitalización aún más recientemente han sido procesos que han disminuido el papel mediador e las bibliotecas, que han disminuido su fuerza (aquella que surgía de una información que era escasa).

La biblioteca moderna quedó simbolizada por grandes edificios llenos de estantes con volúmenes impresos. Las bases de datos de acceso remoto (teledocumentación) de los años 70 fueron precursoras de una información que quería ser libre, que quería llegar al usuario de forma directa y desintermediada. A partir de entonces, cada novedad tecnológica ha erosionado aquella imagen que se ha ido difuminando hasta parecer que desaparecería. Pero, al mismo tiempo, los bibliotecarios han sabido (re)construir una realidad nueva de la biblioteca a partir de la integración de lo nuevo y la modificación de lo antiguo.

La preocupación de los bibliotecarios por su futuro y el de las bibliotecas es pues seguramente más antigua que la que puedan tener organizaciones parecidas. Y es en la constancia y antigüedad de esta preocupación que se sustenta nuestra capacidad de adaptación y la posibilidad de tener futuro (de continuar teniéndolo).

diumenge, 18 de setembre de 2011

Lo local y lo global en la construcción del futuro de las bibliotecas

Reflexionar sobre el futuro de las bibliotecas desde una perspectiva nacional tiene dos implicaciones. Una es evidente: que el futuro terminará afectando nuestros desarrollos locales. La otra lo es menos: que lo que nosotros hagamos puede influir de alguna manera o en alguna intensidad en la forma que vaya a tomar el futuro.

Quizá la segunda derivada sea obvia desde países acostumbrados a tener un protagonismo en la definición del futuro. No es el caso de España (al menos para los bibliotecarios de mi generación), un país caracterizado por un fuerte componente autocrático que estuvo además apartado de las grandes corrientes que han influido en la historia europea y mundial durante un largo período del siglo XX. Hay muchos futuros posibles pero solo uno llega a ser realidad y es el presente real (y no el futuro posible) el que termina influyendo en las realidades nacionales

Con esto quiero significar que la forma que terminen tomando los futuros nacionales dependerá en gran manera de cuales sean las tendencias que se consoliden como realidades para un desarrollo social que cada vez es más global y uniforme, es decir, menos nacional. Hubo un momento en el que las realidades locales configuraron futuros propios, pero actualmente parece que el futuro tomará una forma menos plurimodal de lo que ha tomado hasta ahora.

Uno de los grandes aciertos de los bibliotecarios españoles ha sido el de no dejar que nuestra tradición bibliotecaria nos influyera demasiado. Dicho de otra forma: el de buscar soluciones de futuro en las realidades de presente de los países con mejores bibliotecas. Lo hemos hecho incluso menos de lo que sería deseable, pero nuestros aciertos provienen de aquí.

En un pasado reciente, hablar del futuro de las bibliotecas desde España (y desde la mayoría de países) era fácil. Se trataba de planificar cómo podíamos llegar a un futuro que era conocido con el simple hecho de estudiar las realidades de los países bibliotecariamente más avanzados que nosotros mismos. Pero ahora, si es cierto que estamos inmersos en un proceso de cambio profundo (¿y quién lo duda?), no está muy claro que podamos proceder de forma tan fácil, ya que lo que vaya a ser el futuro está mucho más por definir que en otros momentos.

diumenge, 4 de setembre de 2011

Sobre com organitzar les biblioteques municipals de Catalunya

Les divisions administratives tenen dues finalitats: assignar a cada u aquelles funcions que li són pròpies i prestar serveis amb eficàcia. Això val per a l’ensenyament primari, els poliesportius, els serveis d’extinció d’incendis i, també, per a les biblioteques. A Espanya, de nivell administratius n’hi ha 3: l’estat, la comunitat autònoma i el municipi, La resta o són delegacions d’un d’aquests nivells (delegacions del govern central o autonòmic) o són agrupacions de municipis (províncies, vegueries o comarques). No hi ha més.

Per tant, i pel que fa al servei de biblioteca al ciutadà de peu, es tracta (o es tractaria) de saber: (1) a quin nivell administratiu li correspon prestar-lo, i (2) com ho fem per fer-ho eficaçment. Sembla que el primer està clar: l’ha de prestar el municipi. Passen algunes coses però que han obscurit aquest evidència. La primera, que, en la tradició del franquisme, els municipis no tenien experiència en fer biblioteques i no els era evident que els en calia fer (i potser tampoc sabien com fer-les). La segona, que hi ha hagut una lluita política soterrada per clientaritzar municipis i visibilitzar-se (i no per fer serveis bibliotecaris més eficaços).

En funció del desert cultural del franquisme, la Llei de biblioteques e 1981 volia refer les biblioteques en base de l’organització que es va demostrar eficaç l’època republicana: un servei central de biblioteques. Les diferències de molts tipus entre aquella Catalunya i la de la represa democràtica van fer insostenible el model, però aquest es va trencar també per les lluites polítiques que van fer que algunes diputacions cedissin les seves competències en biblioteques a la Generalitat mentre que la de Barcelona les reforçava. En qualsevol dels dos casos, allunyava dels municipis la seva responsabilitat en la creació i manteniment de biblioteques. La Llei de 1993 tenia voluntat municipalitzadora. Atribuïa als municipis “un paper principal en la gestió de les biblioteques públiques”. Però l’exercici del poder (ai las!) té tendències jacobines i ens aquests quasi 20 anys des de la darrera Llei hem vist més reforçar el proteccionisme i la centralització que no pas l’autonomia municipal.

En biblioteques, per sort i gràcies als esforços de molta gent i de moltes administracions, la situació avui és molt millor que la de fa 20 anys. Alguns sistemes bibliotecaris locals (Barcelona, Girona, l’Hospitalet, Sabadell, per exemple) tenen els recursos, les dimensions i l’experiència per assumir el seu present i el seu destí amb autonomia plena. Cal que ho facin. Més enllà dels debats a nivell de Catalunya que hi pugui haver respecte el paper de les diputacions, vegueries i comarques, a nivell concret, no acabarem de tenir un sistema bibliotecari madur sense que alguns municipis assumeixin la seva majoris d’edat i s’emancipin del tot de les xarxes que els tutelen. Llei de vida. Recordem que fins no fa tant –el 1987- les biblioteques populars de la Diputació de Barcelona depenien de la Biblioteca de Catalunya (impensable, però cert).

¿Què ens queda de l’eficàcia en la prestació de serveis si les biblioteques municipals s’independitzen? ¿Com podrem garantir-ne serveis de qualitat? ¿Amb quins recursos hauran de fer front a les seves necessitats? Per una banda amb els que ara administren les xarxes, però per una altra amb els que elles mateixes es dotin a través de la cooperació. Així ho fan a molts països: associant-se, creant cooperatives i consorcis, mancomunant serveis (que en diríem ara i aquí). Fa una mica de mandra deixar la còmoda tutela de la llar familiar, però fer-se gran passa per marxar de casa.

p.d. La imatge és d'Alfons XIII inaugurant la biblioteca popular de Granollers el 1927 i està treta de l'article que val la pena rellegir: Mayol, M. Carme (2005). «La Xarxa de Biblioteques 1915-2004 : una història que mira al futur».BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, juny, núm. 14. [Consulta: 04-09-2011].